jueves, 2 de diciembre de 2010

EL HOMBRE QUE AMA LA TIERRA

EL HOMBRE QUE AMA LA TIERRA

El hombre que ama la tierra
donde lo habrán de enterrar,
con su bagaje un buen día
se va sin mirar atrás.


Lo recuerdan los caminos,
lo espera la inmensidad
insondable de lo ajeno,
va de ciudad en ciudad,
hasta que un día cansado
de no tener un lugar,
se detiene donde el cielo
le parece que es igual.


El hombre que ama la tierra,
ama su serenidad,
ama sus ríos y valles,
sus noches y su brumal,
ama el légamo y la brisa,
y el ritmo con que el zorzal
rompe el sosiego del alba,
y alienta su despertar.


Aunque el cielo siempre es cielo
para el vuelo del torcaz,
otra patria, no es la patria,
ni otras playas con su mar
pueden arrullar su alma,
porque es distinto el compás,
con que las olas recitan
sus versos al natural.

Sólo es igual la tristeza
de quien queda y quien se va,
unos extrañan unidos
y otros, en la soledad
que el ausente de su pueblo,
de sus padres y su hogar,
deja como triste huella
perdida en el arenal.

El hombre que ama la tierra,
ama su serenidad,
ama sus ríos y valles,
sus noches y su brumal

KARIM

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